domingo, 20 de mayo de 2018

Vídeo: Diosque - Lluvia



A finales del año pasado Juan Roman Diosque reapareció en nuestro radar con un disco tan súbito como el mismo personaje que encarna detrás de su música. En Llanero (2017), el autodenominado bicho de culto, tranquilizó sus emociones en una especie de terapia post-festiva, causada por el álbum predecesor, Constante (2014). En su más reciente placa, Diosque nos obligó a ser parte de una aventura enhebrada con oscuridad y surrealismo.

Obrando bajo esos mismos síntomas lúgubres del disco, llegamos al reciente audiovisual para Lluvia. Dirigido por el también argentino Martín Piroyansky. El videoclip presentado se esfuerza en otorgar más capas de misterio de las que el track ya plantea. La narrativa se cuela por siete escenarios distintos donde el común denominador es un payaso abatido y poco sonriente, personificado por el mismo Diosque.

La rareza implicada en el videoclip no es algo que realmente nos extrañe. Si hay otro valor que hemos reconocido de nuestro bicho de culto favorito, es la anti-magia que utiliza para fundar sus canciones mórbidas y placenteras. Lluvia no es la excepción en cuanto a la puesta en escena. Siguiendo literalmente la frase “te vi mojada en el agua, (vi lo que necesito)”, el vídeo nos presenta al argentino empapado y con maquillaje corrido, presentándose como un personaje sin esperanza, pero aún así dispuesto a disfrutar algunos pasos de baile. 

Seguimos fieles a los misterios con los que Diosque siempre está dispuesto a retarnos, sea visual o auditivamente.



Diosque
💧💄💧

miércoles, 16 de mayo de 2018

RE: Rosario Bléfari - Estaciones (2004)




REvisitar / REcordar / REcomendar. Nuestra ocasional sección para acomodar algunas palabras de amor sobre discos que conocimos a destiempo y ahora atesoramos.

Una pena que en el amarillo no haya una sola reseña a Rosario Bléfari, y una sorpresa, pues sus canciones nos han hermanado en esta redacción y le escuchamos tan seguido que sin duda su nombre reluce en nuestro altar.

Pero no es tarde, a catorce años de su edición, decimos que Estaciones es uno de nuestro álbumes favoritos de la música en español, y que hoy suena tan fresco y pertinente como debió serlo en aquel 2004. En su atemporalidad nos refugiamos.

Distantes ya de la separación de Suárez, aquella formidable banda, y tras editar Cara (2001) un modesto disco de letras cortas y experimentación electrónica, la artista encuentra una fórmula más audaz en Estaciones. Ya su portada hace una declaración de intenciones, más pop no podría ser: círculos de colores a modo de persiana y una Rosario expuesta, en bikini y con expresión de alegría, posando como una buena modelo, una diva sobre un par de tacones. Y es cierto, en este disco están presentes tales adjetivos: feminidad, pop, sensualidad, alegría, liviandad, sin prescindir del espíritu punk, descarado y nostálgico de su figura en Suárez. Es esta conciliación de valores la que hace de Estaciones una obra maestra, la plenitud de Rosario en un encuentro consigo misma del que nos hace afortunados testigos.

Desde Exactos entendemos el sofisticado planteamiento. Confiada en su don de letrista, nos invita a celebrar las coincidencias en una luminosa melodía, “Tu modo de encontrarme / y mi descuido / provocaron sin querer / esta gran casualidad”.

Simple y desenfadada, en Vidrieras retenemos al instante otra letra: “No te importa que nadie te quiera / solo te interesa ver las vidrieras”, cuántas veces nos hemos descubierto cantando por ahí estas líneas quizá hasta contemplando vidrieras, el uso de un lenguaje cotidiano y la sencillez de los arreglos musicales nos acercan muy pronto a la música de Rosario, sus canciones en nuestros audífonos y de golpe estamos sumidos en poesía.



Pero si tuviéramos que elegir una sola canción en la discografía entera de Rosario Bléfari seguramente diríamos Estaciones. Piedra angular y título del álbum, en ella se emplea la conocida metáfora del nacimiento y descenso del amor como los tiempos climáticos. En sutiles cambios de ritmo y melodía, experimentamos la transición de la primavera al invierno en nuestro afecto, y confesamos el habernos identificado más de una vez con este himno. Con la misma ingenuidad de la canción, hemos sufrido el desamor como definitivo, para sorprendernos después con la certeza de volver a ilusionarnos. “Pensar que ayer creí morir / hoy parece que puedo seguir”.


Ningún mensaje y Cartas son canciones hermanas, la correspondencia sin respuesta, el suspenso, el hilo de conversación que se rompe. En su educación sentimental, Rosario nos dice que no hace falta lamentarlo, “Nunca es el fin / todo estuvo listo para seguir / y también para terminar”, y algo nuestro se ha quedado del otro lado. “Las cartas quedaron de nuevo hablando solas / te sigo soñando / no creo que esté mal”, dos canciones tan hechas para ser dedicadas y sin embargo están solo para nosotros, como un diálogo interior, ante la ausencia de interlocutor. “A lo mejor te confundió mi forma de ser”, “Quién sabe si entendiste alguna vez”, frases similares a lo que nosotros mismos hemos llegado a expresar torpemente.

Mediodía nos alivia con su groove sofisticado, en un guiño al funk recibimos esta letra optimista que mejor recrea la portada veraniega y risueña de Estaciones. Mientras Nunca nos envuelve en una misteriosa melodía, acompasada por las manecillas de un reloj y se eleva como una oración, “Que no termine nunca esta cuadra, esta noche, este aire. Que no se acaben los días, que nunca esté completa la felicidad”. Esta canción hace parte de 4 women no cry, un compilado alemán estrenado el año siguiente (2005) por Monika Enterprise y que reúne la obra de cuatro artistas femeninas alrededor del mundo. Allí también aparece otra de nuestras favoritas de Rosario, la gran Partir y renunciar.

Un disco de catorce canciones donde cada una es un tesoro. Tenemos a Inocentes, que en su ligereza nos entrega una clara sentencia: "Lo que no pasó sigue estando acá”, y a Mejillas que en su colchón punk nos llena de emoción al describir el recorrido de la sangre por un complejo sistema de ramificaciones hasta llegar a iluminar el rostro de nuestro ser amado.

Y qué decir de Convicciones, otro dulce himno, otra sabiduría, la vida que se sacude ante la llegada del amor. “Yo creía que ya todo estaba inventado de algún modo, ningún espacio vacío, todos repitiendo todo / pero cuando apareciste, perdí la fe que me sostenía / pero cuando apareciste, mis ojos vieron lo que no veían”, y es que si nuestra reseña está poblada de citas a sus letras es porque el pozo poético en Rosario Bléfari es tan hondo que las palabras sobreviven a la música, es posible aislarlas y atesorarlas como literatura. De hecho, una selección de ellas aparece impresa en el poemario La música equivocada, cumpliendo así esa verdad institucionalizada por Bob Dylan: el músico como poeta. La propia canción encierra también un cambio de cimientos, a partir del minuto 2:05 oímos como en Convicciones se desgarra la melodía y aparece el guiño a la música de garaje. 

Ya empezamos a agitar nuestros pañuelos de despedida. Viento helado es la última canción de Estaciones, y qué mejor. Un uh, uh, uh nos trae ese aire frío que impulsa al movimiento, como alimento para el alma, esta canción y este disco nos llenan de ímpetu, en una letra que no acabamos de descifrar sentimos un llamado, vislumbramos eso que llaman destino: “a veces creo que es preciso conocer, lo que se pierde en una tarde, lo que se gana de una vez”Dani Umpi tuvo el honor de recuperar estos tesoros en un disco En vivo en Casa Brandon (2017) interpretando junto a Rosario canciones de uno y otro repertorio, en un velada que esperamos se repita.



Del 2004 al día de hoy han llegado otras canciones, la misma Rosario ha editado magníficos álbumes y nos alegramos de saber que su sed no se ha colmado, y tampoco la nuestra, pero somos caprichosos, y sabemos volver a beber de la misma fuente: sus Estaciones.


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martes, 15 de mayo de 2018

Canción de la semana: Silva - A Cor É Rosa


Silva acaba de firmar una de las canciones más bonitas que escucharemos este año, y quizá una de las más coloridas de la década que vamos despidiendo.

Aunque poco entendimos de su tercer disco, Júpiter, nos regocijamos en el encuentro afortunado con su nuevo sencillo, antesala a Brasileiro, su cuarto disco inédito que sale este mismo 25 de mayo. Antes, Silva estuvo versionando las canciones de Marisa Monte en un disco de estudio y otro en vivo, siguiendo la tradición de homenajes que varios artistas del pop latinoamericano hacen a sus maestros y contemporáneos. 

Parece que después de este merecido tributo, las notas de Silva vuelven a la frescura de su debut, a estar más cerca de sus raíces. En A cor é rosa (El color es rosa) Silva saca a relucir el arsenal de percusiones brasileras, la cadencia tropical, los vientos decorativos, mientras mantiene la mezcla restringida, el objetivo no es explotar en pedazos ni exprimir las influencias, sino colorear cada nota para que todo quede en el punto perfecto entre calma y baile. 

El encanto incrementa cuando descubrimos que estas notas acompañan una letra de amor y celebración a la vida. Entrañable esa segunda estrofa que arranca de forma inesperada, manteniendo la frescura, la sorpresa, ese acento que lo acerca cada vez más a Caetano y que nos asegura un escape del bullicio mental durante casi cuatro minutos de notas cálidas y amorosas.


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viernes, 11 de mayo de 2018

Ignacio Herbojo - Terremoto (2018)




Ignacio Herbojo, nuestro querido e inquieto cantautor argentino, ha revelado al fin un radiante segundo álbum, donde lo antes susurrado es dicho ahora en voz alta.

Cinco años separan a Solo (2013) de Terremoto, y cuántas mudanzas en ese intervalo, cambios de casas, de paisajes, de anhelos y siempre, un mudar de piel. Su debut: once canciones que en una frágil reunión de voz y piano se perciben monumentales. Su continuación: diez cortes en los que aquel sutil planteamiento es enriquecido por arreglos electrónicos de mucha dulzura, baterías y guitarras de la banda que esta vez acompaña y defiende el mensaje de Ignacio, lo proyecta con mayor seguridad, a un mejor volumen.

Terremoto es pues, el preciso encuentro del pop y la poesía.

La mano y el ladrido, con ese título de poemario, nos arroja a la corriente, desde el principio entendemos que cada canción es aquí una pregunta, una necesidad ante la que Ignacio enuncia: “Yo solo quiero oírte responder”.


En la incertidumbre reside también la emoción, Dar, poblada de bellas imágenes como “Olor a fruta tropical” o “Me siento fuerte, ardo diferente” nos presenta a un artista más festivo, luminoso, que sin perder el pozo poético articula con sencillez las palabras y se abre al baile.

Como potentes baladas, Desierto y Otra vez nos saludan, en ellas la intimidad se reflecta en canciones universales, como hechas para ser dedicadas, y nos quedamos con una hermosa línea sobre la reconciliación, el volver a “Combinar tu ropa y la mía”.


Ocaso, por supuesto, en el corazón del disco y con toda la ambición pop nos traslada a un paisaje veraniego, un viaje en autobus, un acontecer adolescente. Y que la palpitante melodía no nos distraiga de una de las letras más bellas del disco que confirma ese don sospechado en Ignacio: el poder de escribir canciones/poemas, letras que podrían existir en páginas de libros, sin música, o más bien con la música interior. Tal don le hermana con artistas tan queridas como Christina Rosenvinge o Rosario Bléfari (quien ya ha publicado sus letras en formatos editoriales).

A partir de esta mitad poderosa, Ignacio se ha permitido experimentar con la exoticidad: en Terremoto, que sucede sensual y calma, contraria a la promesa de su título, y Jugar en clave electrónica y segundos de vacío en medio, para sentenciar “Ya no somos lo mismo”.

Última habitación nos sorprende y hasta sonroja con el erotismo de sus palabras, lengua, mar, piel y sacrificio, y el ingenioso remate: “Después de hablar quiero coger”, ¿cuál será la acepción buscada en este verbo?

Y nuestra despedida: La pregunta. En un paisaje más oscuro, con metálicos sonidos que camuflan la voz de Ignacio, empezamos a divisar un refugio la incertidumbre, “Yo siempre volveré, y seré”, como animales nocturnos acostumbramos nuestras visiones a la noche y hallamos en ella el sosiego.


En Terremoto, Ignacio Herbojo mira pues al futuro, pule el cristal de sus virtudes y sostiene la bandera de la honestidad, demuestra ser un artista preocupado por entenderse y en su conversación interior limar las aristas de sus sentimientos, como hábil escultor, hasta obtener las canciones que hoy comparte y resuenan en nosotros, las abrazamos como una verdad, y sobretodo como una promesa.

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jueves, 10 de mayo de 2018

Francisco Victoria - Prenda (2018)




Veinteañero, chileno, heredero de la canción romántica y apadrinado por Alex Anwandter se nos presenta Francisco Victoria. Muy pronto un nombre de peso se superpone al de nuestro debutante. Así de intensa es la sombra que se extiende sobre el disco que tras una primera escucha experimentamos el sinsabor de estar asistiendo a una réplica, si no fuera porque el mismo Alex hace las veces de productor.

Difícil reconocer lo genuino en un álbum donde se ha filtrado tanto la experiencia de un mentor, distorsionando la identidad de este novel artista. Aquí hemos querido ir a lo verdaderamente importante: las canciones, y en Prenda varias de ellas brillan con tanta fuerza, que nos importa menos si las ha firmado Alex o Francisco.

Marinos, el sencillo que nos acercaría al disco, es una potente balada que insinúa el baile y en una letra tan adolescente como encantadora, nos sumerge en la ansiedad frente al amor y la vida. Un acierto ese juego de palabras que en “Tengo miedo marino” nos remite a “Tengo miedo torero”, título de la bella novela de Pedro Lemebel.


Cruza el puente es nuestra favorita, contradictoria como la juventud, a veces nos dice "Qué felicidad sería enamorarme" y otras, "Qué felicidad sería no llorarte", dulcemente nos recuerda tantas despedidas, los sentimientos que hace años parecieron definitivos.

Y es que la edad podría marcar esa diferencia que bien queremos encontrar entre un disco como Rebeldes (2011) y el cancionero de Francisco. Las emociones se viven aquí con mayor ingenuidad, frases directas y un apego manifestado a flor de piel, un artista que no ha escatimado en exponerse. Y sin embargo no alcanza.

Quiero volver y Quiero que quieras saber de mí siendo buenas canciones dan ejemplo de lo reiterativo y cansino que llega a ser el álbum y su empeño en hablar únicamente del amor, su necesidad y su conflicto. Y si a esta repetición le sumamos los detalles en la voz y los arreglos musicales que solo recalcan y señalan la discografía de Alex, fácilmente vemos disuelto el rostro de Francisco.


Él, quien en una entrevista ha dicho que una de las bondades de trabajar con Alex Anwandter ha sido ahorrarse años de errores como artista, ignora quizá que el propio error y su duro aprendizaje pueden decantar en el brillo de la voz propia. Lo impecable aquí ha enfriado lo sincero.

Esperamos entonces que con el tiempo y desvinculado de la fórmula aquí empleada, Francisco pueda construir un repertorio personal, conquistar su propio espacio, pues Prenda, reconocido como un buen disco, funciona más como extensión de la obra de un reconocido Alex Anwandter, que el hallazgo de un artista adolescente.

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martes, 8 de mayo de 2018

PANXI - PANXI EP


Podríamos empezar explicando que PANXI es un collage musical entre melodías de electrónica rudimentaria y una voz que enuncia letras abstractas, inspiradas en manuales de instrucciones y avisos callejeros. Pero mejor si nos excusamos en este lanzamiento para esbozar un curriculum vitae de la gran Francisca Villela.

Su nombre aparece en proyectos que aquí atesoramos. Proveniente de Chile, le conocimos alrededor del 2007 como mitad ideal del dúo Prissa, completada por Javiera Mena. Juntas fabricaron una serie de canciones pop perfectas, que se quedaron en demos y aun así son esenciales en la movida independiente latina. Ni tú ni yo es el nombre del álbum que recoge aquellos himnos, nombres tan emocionantes como: Seamos amigas, Sé que acabaremos, y Disimulo ser. No perdemos la fe en verle editado un día, quizá el buen sello Infinito Audio quiera aventurarse, pues hace poco editó otro de los proyectos donde reluce la figura de Francisca.

Canción de amor desea verle nos traslada a 1998 en Santiago de Chile. Cinco amigas haciendo canciones avant garde, en un collage vocal (que podemos asociar directamente a la PANXI actual) donde aparecen frases inconexas, a veces sacadas de películas dobladas al español o fragmentos traducidos de canciones en inglés, toda una puesta en escena que homenajeando la cultura pop se convertiría en la materia prima para la carrera de cada una de ellas, por ejemplo, nuestra querida Sofía Oportot emplearía más tarde alguna de estas líneas para sus canciones en Lulú Jam.

Otro salto: ya en 2014 y viviendo en Berlín, Francisca nos regala otra joya de pop en español. Samanta fue el nombre que reunió a Javier Fernandez y Daniel Urria, también chilenos, tras coincidir doblemente, en Alemania y en la ambición musical. Su trabajo se remonta al 2008 pero solo años después saldría a la luz ese hito llamado Teorema a través del extinto sello Michita Rex, siete canciones que giran entorno al trabajo de oficina y el melodrama.



Toda la historia de la música independiente-contemporánea-chilena, se explica a través de Francisca Villela. Y hoy, PANXI. Cuatro canciones (y otras más en su Soundcloud), en las que a pesar de los cambios de nombre y de intenciones, percibimos el humor y la belleza, entre orgánica y robótica, de siempre.

En una suerte de Kraftwerk feminizado, cada canción nos invita al baile mientras sugiere múltiples paisajes: ciudades, rutinas y patrones, pero también imágenes del futuro, en un aire cinematográfico podemos inventar argumentos de películas con espías internacionales, complots gubernamentales y robots usurpando identidades humanas.

Nuestras favoritas: De qué se huye en el EP oficial, y Dios ausente en su lista de demos. La primera, coqueta e ingenua, con esa combinación de sonidos telefónicos y una letra que bien parece un comercial pero encierra un acertijo: "Amplia gama de posibilidades limitadas", perfecta para sonar en una fiesta junto a Pocket Calculator o Computer Love. Y la segunda, profunda en su aparente incoherencia, "Lo que está muy cerca y por eso no se ve", es como un poema musicalizado.



PANXI es pues un nuevo ejercicio, otro laboratorio de canciones en la prolífica carrera de la incansable Francisca, que se extiende también a la literatura y la coreografía. Cuatro canciones sencillas, disfrutables, o lo que aquí han sido: razón para hacer una pobre retrospectiva de una gran obra.


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lunes, 7 de mayo de 2018

Canción de la semana: Dadalú - Escapista


Otra buena nueva que nos trae el 2018 es el regreso formal de nuestra amada rapera/cantautora existencialista Dadalú. Recordemos que su disco debut, Periodo, salió en 2011, editado por la desaparecida casa editorial Michita Rex (suspiros).  Entre tanto, Dadalú ha editado canciones sueltas, colaboraciones y ha sido una de las mentes maestras detras del dúo de lofi pop feminista Chica King Kong, que logró descrestarnos con la eterna Amor propio.

Más allá de esto, Dadalú se había mantenido fuera de nuestro radar, pero su regreso ha sido todo lo que esperabamos. Un triunfo en producción y el mismo encanto crudo que atesoramos en sus composiciones.

Escapista sorprende por su claro acercamiento a las melodías disco, recordándonos de paso a la preciosa Mediodía de la argentina Rosario Bléfari. Es grato descubrirnos frente a una canción de Dadalú que concilie la formalidad músical y sus letras sosegadas. Hay espacio aquí para un delirante arreglo de vientos, marca de la casa, de un rap contundente y de picos muy bien escalados, una melodiosa carta abierta al depresivo que llevamos dentro.

Sin tapujos Dadalú trata temas que nos agobian, en este caso a la enfermedad del siglo XXI, y aunque el panorama pareciede desalentador, una línea de la canción deja ver la luz al final o a la mitad de este tunel emocional: "Quisiera ser como una de tus elegidas, ¡mentira! quisiera sentir  que nos abrazamos y tenemos la fuerza para afrontar esta mentira." 

Tiempo Negro, el nuevo EP de Dadalú sale a través de otro fénix del pop chileno, el bienaventurado Sello Cazador que retomó sus lanzamiento de indie pop el año pasado. Apenas vamos reviviendo el encanto.


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viernes, 4 de mayo de 2018

Javiera Mena - Espejo (2018)




Como un exacto fenómeno astronómico, cada cuatro años se nos revela un disco de Javiera Mena. Ha sido una fortuna acompañarla en su travesía, de tímida cantautora a diva del pop, mientras sus canciones han sido banda sonora de nuestra cándida adolescencia a esta extraña adultez.

Su nuevo álbum, Espejo (2018), no parece reflejarnos completamente. Estos días de escucha nos han dejado una impresión similar a la de Otra Era (2014) y es que la mitad de sus canciones nos provoca fascinación, mientras el resto nos deja indiferentes. Es natural que a través de los años nuestra inquietud se desplace, como es natural que la canción de Javiera, siempre jóven, entable cercanía con generaciones que nos relevan.

Otro cambio nos ha tenido en vilo: sue llegada a Sony Music, siendo Espejo el resultado de esta dicotomía moderna indie-mainstream. Pero más allá de la reactiva nostalgia al perder una abanderada de la música independiente, consideramos apenas lógico este movimiento en su ambición pop.

Luz y sombra. El amparo de una gran discográfica ha decantado en una producción más limpia, cristalina. Para ello ha podido vincularse a nuevos y distintos productores, y reflectar desde su Espejo múltiples destellos, algunos que adivinamos más sinceros que otros. La oscura intervención de una gran discográfica se percibe en la mitad del disco que nos aburre con su molesto afán de hit, de sonar a la moda, pero nuestra esperanza se reconstruye cuando en medio del efectismo reconocemos un indiscutible y luminoso sintetizador, la melodía ingenua tan Mena queriendo salir a flote entre heladas aguas, como en la portada.

Las primeras canciones hacen un mismo llamado a la introspección. Dentro de ti, que aún en su timidez supo estar en lo mejor del 2017, es una suave introducción que logra cuestionarnos sobre la valentía de emprender un viaje interior. En cambio, la canción Espejo sí es una imponente declaración de intenciones, repleta de arreglos electrónicos que entre house y triphop noventero buscan la actualidad, invita a reflejarnos y reconocer nuestra verdad, en una metáfora más bien obvia.

Esa obviedad muy pronto llega a desesperarnos. Cerca y Aire son canciones cojas en sus dos frentes, música y letra, resumiendo lo que aquí consideramos el desacierto de este álbum: melodías maquilladísimas, que no escatiman en efectos y requiebros y aún así suenan genéricas. Cerca introduce el sampleo más irritante, una voz masculina distorsionada que nada dice. Ay, y las letras, ambas puestas en tan lujosas pistas lucen pobres, una fácilmente cursi y otra falsamente poética. Es que Javiera ha elegido las alegorías más manoseadas: espejo, alma, noche, orilla, magia, corazón, universo, constelación. Cómo no extrañar el tiempo en que su música nos enseñó el significado de unísono.


Extrañamente, Intuición nos ha cautivado aun en su artificialidad, porque ¿Qué es Li Saumet sino una moneda para valorizar un sencillo? Se nos ocurre una larga lista de artistas para una colaboración más honesta. Pero bueno, todo le perdonamos porque esta canción nos pone de muy buen humor por cobijarse bajo la sombra de grandes himnos como Todavía de La Factoría o Lambada de Kaoma.

Pero que no cunda el pánico, ya hemos dicho que hay una cara fascinante en este álbum, y como Javiera, tenemos el derecho a la contradicción. En un himno de música romántica digno de Juan Gabriel, Alma emerge en un luminoso teclado y nos entrega una letra más cuidadosa que celebra la soledad: “Estoy aquí, entera en el presente, acurrucando entre mis manos a mi herido corazón”, suspiramos ante la dulzura y el guiño a otra vieja canción suya: Acá entera.

Y a través del claroscuro hemos encontrado “Una escalera al infinito”, en la canción más rara y juguetona hallamos la perfección. Escalera es todo lo que hemos esperado del álbum, una melodía potente que fácilmente se enmarca con las bases electrónicas de Mena (2010) y en su letra tan escueta como abstracta percibimos al fin una intención similar a esa lejana canción llamada Perlas, de Esquemas Juveniles (2006). La asociación cobra sentido al saber que en ambas aparece la figura del músico Diego Morales, reconocido en el circuito musical santiaguino. Juntos han construido nuevamente una suerte de mantra, y la declaramos canción favorita, “Ay, por ahí”.


Al final del disco nos topamos con Noche, que repite el ejercicio de contener el esqueleto del reggaetón en una canción de pop luminoso, con una letra mejor articulada que sirve como plegaria de amor. Y Todas aquí, en su modesto feminismo, también limpia el nombre de Javiera como letrista mientras vuelve al pop más sosegado, de menos elementos. 

No nos sorprende que la última canción resulte ser un baladón, a Cuando no la esperas sí que la esperábamos. Nos refresca escuchar la palabra cordillera, como el vínculo más puro que nos reconcilia con la artista que mucho admiramos, sabiendo, sin embargo que este Espejo es una fórmula en repetición, un esquema que de tanto amor desciframos con facilidad, la espiral de emociones y baile que bien conocemos, y quizá ya no tenemos tanto entusiasmo de volver a vivir.


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lunes, 30 de abril de 2018

Canción de la semana: Le Parody - Dime


Nuestra querida pop advancer Le Parody estrena Dime como parte de la serie Mates del sello londinense Atata Records, un lanzamiento inesperado que nos prende las ansias por escuchar nueva música de la española, quien nos descrestara con su debut Cásala y luego repitiera la fórmula con el denso Hondo

En esta nueva entrega Sole Parody se asegura de cubrir varios campos y de llevar su sonido varios niveles adelante. Reside en Dime el mismo ánimo errante de canciones como Peligroso Criminal y Family Trip, esa rendición al baile y al trance que tanto nos puede en artistas como El Guincho o Animal Collective. Por otro lado, la seguimos descubriendo afilada, indagando en temas profundos, como lo hiciera en su segunda placa:


"Dime dónde duele 
Por el filillo del llanto 
se asoman a vernos futuro y pasado, 
no tome asiento la pena 
que yo he de seguir caminando."


Varias analogías recorren una letra entre la poesía y la espiritualidad, hurgando como explorador en los lugares donde aflora la tristeza, y es justo allí donde parece intervenir la música, una mezcla de techno y trance cabalgante que nos libera de toda carga y nos invita a perdernos en los senderos del baile. Pareciese que la misión de Sole es la emancipación, partiendo del ego y diseminando un mensaje que se diluye en la exploración musical como un antídoto para los malos momentos. 

Atesoramos este tipo de intervenciones benévolas, el riesgo y el efecto que pistas como Dime logran a primera escucha, una más para la cuenta de Le Parody, nuestra canción obsesión de la semana. 


!!!

viernes, 27 de abril de 2018

Crónica Festival Epicentro 2018

El Anfiteatro Coca Cola presentó actos en dos escenarios vecinos (Foto: Catalina Agüero)

Las expectativas eran altas y fueron cumplidas. El clima fue incierto, pero nada que impidiera una jornada bastante confluida. Hubo retrasos y modificaciones a última hora que dieron justo en nuestros corazones. La cancelación del show de Alex Anwandter nos marcó, pero aún tenemos la esperanza de verlo pronto. 

Vimos más de tres crowd-surfings, unas cinco camisas del Unknown Pleasures, varios anteojos de sol sacados de un clóset de los años 80 y un par de perros. Esto -y sobre todo, la música- fue Epicentro 2018. 

A pesar de contar con una alineación que en su mayoría incluyó a artistas masculinos (el 15% eran proyectos liderados exclusivamente por voces femeninas) y de la cancelación del show de Alex, las propuestas del festival terminaron por congregar al final de la jornada a más de 2000 personas. Un logro que para el sector alternativo de Costa Rica y la región, significó un gran paso al llevar el concepto de “festival” a otro nivel. 

° ° °

Iniciada la jornada nos apuramos a ver a la compatriota Elsa y Elmar, quien daría uno de nuestros conciertos más anticipados y que no decepcionó, a pesar del vasto público que se encontraba en el escenario Alerta -espacio dedicado sobre todo a propuestas de corte electrónico o experimental y que permitió una conexión más íntima entre artistas y público-. Ahí, Elsa yacía con vestimenta deportiva -siguiendo la línea de su más reciente vídeo Culpa, Tengo- y se paseaba en el escenario al son de una banda que replicaba ritmos bailables de Rey y otras canciones no publicadas aún. 

Entre canciones la cantante aprovechaba para encantar (más) a la audiencia con su carisma. Aludiendo a la similitud entre el acento colombiano y el tico, Elsa se preparaba para ir cerrando su concierto, que no necesitó de tanta introducción de canciones para hacer del limitado público un grupo de cuerpos bailando con el pop espirituoso.

Posteriormente nos dirigimos hacia el Anfiteatro Coca Cola, recinto que fue dividido en dos escenarios: el Lado A y B. Por su parte el estadounidense Colin Caulfield (también miembro de la banda neoyorquina DIIV) inauguró la jornada en el Lado B con su propuesta synthpop. Con un set minimalista, pero entretenido, el cantautor dio luz verde para que las vibras groovy empezaran a hacer de las suyas. 

En el Lado A, escenario vecino, la agrupación costarricense Las Robertas se preparaba para presentar en casa, temas de su más reciente álbum Waves of the New. Entre visuales psicodélicos y ropajes vintage, los de San José empezaron a llenar el auditorio con decenas de cabezas moviéndose al ritmo de voces distorsionadas a cargo de Sonya Carmona y Mercedes Oller. Repasando temas de sus tres discos con una envolvente reverberación, la banda cerró su presentación con una oda al músico Lou Reed (I Wanna Be Like You, Lou).

DIIV: primera explosión nostálgica de la jornada (Foto: Tatina Madrigal)
Ya acalorados por el concierto de los costarricenses y de por sí, el cálido clima del lugar, nos dispusimos a escuchar parte del show de los profetas lo-fi, DIIV. Canciones como Follow nos remitieron a una juventud distante, pero cercana a la vez, que causó un sentimiento de nostalgia generalizado. La audiencia coreó a ojos cerrados y se dejó hipnotizar por las tonadas de Zachary Cole Smith y compañía. El concierto de los DIIV nos entregaría los primeros crowd-surfings del día y sobre todo, la reconexión con el sentimiento angst juvenal. Los pronósticos empezaban a ser buenos. 

A mitad de la presentación de DIIV, nos dispusimos a presenciar uno de los actos más novedosos de la escena costarricense, a cargo de Javier Arce, ex también vocalista de la banda Cocofunka. Su show se llevaba a cabo en el stage Alerta, al cual llegamos luego de presenciar una afluencia cada vez más significativa en el Parque Viva. 

Bajo una constelación de luces multicolor, Javier Arce tenía ya a un buen puñado de personas agitándose y danzando mientras sus pistas -armadas entre beats, guitarras y guiños afroamericanos- retumbaban en el escenario más cerrado del festival. Sin lugar a dudas, fue con el costarricense que encontramos nuestra primera sorpresa del día. Acá vimos a una audiencia tan fiel, como respectiva. La atmósfera multisensible del cantautor y su banda bloquearon el sosiego en la audiencia. Onces o Quise Fuego, representaron dos clímax en paralelo que de inmediato incrementaron nuestra sed por escuchar el disco debut del cantautor, a estrenarse pronto. Por si fuera poco, Javier invitó a Macha Kiddo, rapera tica que se ha hecho un buen lugar en la escena costarricense con rimas efectivas, como si se tratara de bofetadas. 

La banda costarricense 424 invocando sensaciones naturistas (Foto: Catalina Agüero)
Mientras esperábamos a que llegara el turno de Jesse Baez en el mismo escenario, bajamos al Lado A para escuchar a 424. Su pop naturalista no es de nuestros favoritos, pero es reconocible la gran cantidad de seguidores que se han hecho. Su presentación varió al entablar conjugaciones sonoras melodiosas y a veces, relampagueantes. 

Pasados los minutos, cumplimos con nuestra obligación de correr hacia el Alerta y guardar espacio para escuchar al guatemalteco Jesse Baez, cuya propuesta ha revolcado las escuchas en plataformas musicales al hacerse de himnos urbanos que corresponden a versiones en español de piezas como las de The Weekend o PARTYNEXTDOOR. Por 45 minutos Jesse deleitó con la fineza de su r&b, haciendo mover los cuerpos lentamente. Con varios guiños trap, el chapín retornó el calor al escenario y terminó por duplicarlo al invitar a Álvaro Díaz (quien horas después se presentaría sobre el mismo escenario) para hacer nuevamente una nueva fiesta dentro de Epicentro.

El futuro del r&b regional está en manos de Jesse Baez (Foto: Catalina Agüero)
Luego de la fiesta vivida con el guatemalteco, nos dispusimos a probar una parte de lo que quedaba del concierto de los mexicanos Little Jesus, en el Lado B. Para nuestra sorpresa el lugar se saturó más de a como lo vimos desde la última vez. Si algo logró Epicentro, fue el consolidar grandes públicos y tan disidentes. Con la agrupación mexicana no fue la excepción. Llegamos a presenciar la invitación que el grupo le hizo a Elsa y Elmar para la colaboración realizada hace un par de años con TQM. Las sonrisas en los presentes y sobre todo, los brincos, confirmaron que el característico rock pop de la banda sabe encantar verdaderamente. Como pico alto de su presentación (y también del festival) resaltamos el momento en que su célebre hit La Magia se escuchó . Con Azul como cereza del pastel, los mexicanos dejaron en el aire un ambiente de frescura, despidiéndose así de un satisfecho público costarricense.


Little Jesus encantando junto a la colombiana Elsa y Elmar (Foto: Catalina Agüero)
El festival continuaba para nosotros en el Alerta. Sí o sí teníamos que ver a Monte, banda costarricense que desde hace un par de años ofrece tan solo uno o dos conciertos anualmente. Reimprimiendo su característico rock existencial, el trío se aseguró de no marcharse sin causar unos tres crowd surfings y la entonación de varios de sus himnos como San José (canción dedicada a la vida en la capital costarricense), Neón Furioso o en cortes más nuevos como Miles de bestias. La experiencia de Monte se vivió como pocas veces. La nostalgia y el éxtasis afloraron dentro en uno de los mejores conciertos de la jornada. 

Los himnos de una generación costarricense entonados desde la iglesia de Monte (Foto: Catalina Agüero)
Y si de mantener la llama encendida se trataba, de eso se encargaría el dúo regiomontano Clubz. En su segunda visita al país en formato banda, Orlando Fernández y Coco Santos -integrantes del proyecto- supieron desde un inicio lo que el público deseaba: bailar. Hilvanando su presentación desde las densas capas electrónicas de Paracaídas, hasta llevarla a momentos de desenfreno como Golpes Bajos (acompañado del performance de Orlando al unirse al público y cantar desde abajo del escenario) o Afrika -donde se acompañaron de integrantes de Little Jesus-, la dupla absorbió la energía de toda la audiencia con un set cuya duración se percibió rapidamente.

El desamor suena mejor si es con synthpop. Clubz lo sabe (Foto: Catalina Agüero)
Una hora después nos dimos a la tarea de seguir con el baile y quién mejor para hacerlo que el también mexicano Celso Piña y su Ronda Bogotá. En un ejercicio orquestal de fusionar la cumbia colombiana, el equipo de Celso convocó a decenas de desconocidos y curiosos ante un escenario que se entendió como la perfecta comunión de acordeones, trompetas y percusiones. Un sandungueo digno de recordar. 

Paralelo a la presentación del mismo, en el Alerta se escuchaban las frenéticas composiciones de Rey Pila (banda que llegó a sustituir la presentación de Wavves, quienes también cancelaron su show horas previo al festival). En palabras de muchas otras personas, lo de la banda mexicana fue uno de los mejores “ases bajo la manga” que Epicentro utilizó. En un intento de rescatar el desenfreno musical que los californianos Wavves aportarían, Rey Pila llegó a reponer con la misma actitud.

Densidad y jolgorio: los dos sinónimos de Epicentro 2018 (Foto: Catalina Agüero)
Siendo Rey Pila el último show latino de la jornada, solo quedaba entregarnos a la brutalidad de los sets electrónicos -en distintos matices- de la dupla 2manydjs y de la canadiense Jessy Lanza. Por más de dos horas los hermanos belgas 2manydjs desmenuzaron a la audiencia en el Anfiteatro, con canciones que iban desde el house hasta el indie. Todo un rave millennial, pero que dentro del cóctel diverso, también convocó a personas de todas las edades.

22 años de experiencia electrónica a cargo de 2manydjs sobre un escenario (Foto: Priscilla Alfaro)
Como acto penúltimo estaba Jessy Lanza y su magia r&b y electropop. En la intimidad del escenario Alerta, Lanza exploró las aristas más sensibles de la audiencia al empezar con una presentación etérea que de a poco fue aumentando revoluciones con éxitos bailables como Never Enough y VV Violence. Si el cansancio no estaba bien justificado para esa hora, el concierto de la productora canadiense fue la excusa perfecta para estarlo. Su música cerró con broche de oro la pista de baile en Epicentro.

Las múltiples texturas de Jessy Lanza hicieron de su show la perfecta ceremonia electrónica (Foto: Priscilla Alfaro)
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Con piernas cansadas, voces afónicas y corazones satisfechos; cerramos la quinta edición del Festival Epicentro. Un sí rotundo que desde ya ha trazado un nuevo concepto de lo que la fiesta y la música pueden llegar a ser. Los retos quedan evidenciados para la organización, pero confiamos en que este ejercicio de reunión de sonidos diversos irá mejorando con ediciones venideras. Nos vemos pronto Costa Rica. <3

martes, 24 de abril de 2018

Christina Rosenvinge - Un Hombre Rubio (2018)




Una fotografía a blanco y negro de un rostro que apenas reconocemos entre hilos de cabello, una mujer en un traje masculino, un lejano paisaje de montañas y en letras azul klein: Un hombre rubio. Así se presenta Christina Rosenvinge en su nuevo disco, revelando desde título e imagen una intención: impersonar a un hombre.

Como hermano antagónico, Un hombre rubio entabla cercanía con La Joven Dolores (2011), un disco que aquí consideramos obra maestra y reluce en nuestro altar. Esta hermandad se explica en la columna vertebral de cada uno: mientras La Joven Dolores es una tesis sobre la figura femenina, un retrato múltiple que abraza distintos referentes culturales; Un hombre rubio, es la vuelta de tuerca en la que esta artista examina con la misma profundidad la figura masculina.

La primera canción es un manifiesto. “No tengo proezas de conquistador, no tengo certezas como pensador, no entiendo nada de un motor, no soy de esa cofradía”, anuncia la voz de un hombre que no sabe ser mecánico, cazador o galán, metáforas de los oficios que históricamente se han asignado a los varones, y esta voz se compara en su vulnerabilidad con La Flor entre la vía. Atrás han quedado los susurros a lo Feist y más parecida a PJ Harvey, Christina entona esta declaración en una melodía de reiterativa percusión.


Como una carta en la que el padre es destinatario, Romance de la plata esboza una biografía. Valiéndose de los símbolos presentes en su apellido: Rosen (Rosa) y Vinge (Ala), Christina se aproxima a su padre, comprendiendo al fin sus decisiones y comportamientos. En algunas entrevistas ha dicho que él, siendo un hombre sensible y cercano al arte, tuvo que cumplir obligaciones que en su vida lo alejaron de esta verdad, incubando en él un sufrimiento que más tarde se manifestaría fuertemente. El perdón llega al final la canción: “¿Cómo no voy a entenderte, padre? Si es mi misma soledad”. Imperdible el bellísimo video/performance que nos muestra a la artista visitando la tumba de su padre e interpretando esta canción, sola con una guitarra de palo, versión que llega a conmovernos más que la contenida en el álbum.


En otro ejercicio poético, El pretendiente, una aparente canción de amor esconde en su lecho profundo la historia de un inmigrante africano tratando de ganarse un lugar en España, enfrentado así a las cuatro reinas de la baraja, como si de coquetearles se tratara. Esta pieza magistral se rige por una poderosa aleación del piano y la batería, y un final de finísima electrónica que nos señala un dudoso desenlace, para nuestro superviviente, “El puente es de agua”.

Otro hombre habla ahora, uno que ha perdido a su amante tras un corto pero memorable encuentro. En Ana y los pájaros alcanzamos a intuir un juego de personajes, como si nuestra Christina se describiera en tercera persona, siendo la fugaz Ana, una femme fatal que nos da una lección de liviandad y desprendimiento. “Cada mañana era una ofrenda, cada noche era imperial, una semana hizo leyenda”, y es que quizá de cuatro o cinco noches como esas tal vez pueda vivirse como de un largo amor toda una vida.

Niña animal y Berta multiplicada subvierten el concepto del disco, al retratar ahora a dos mujeres que en su comportamiento se asemejan a fieras, al instinto animal e impetuoso que asociamos generalmente a los hombres. En la primera hay sentido del humor y en la segunda, solemnidad. Berta multiplicada es una epístola a la hondureña Berta Cáceres, líder indígena y activista del medio ambiente, que en su lucha fue asesinada. En su homenaje, Christina pregunta si acaso el alma animal de Berta prevalecerá en forma mineral, polvo estelar, arboleda, o lobo blanco que “no aulla a la muerte, aulla a la vida”, y esta última palabra, vida, y Berta, se alternan y repiten como un mantra, se multiplican en un emocionante desenlace que eleva y estremece.

Y si en este álbum repleto de tesoros tuviésemos que elegir solo una joya nos decantaríamos por Afónico. En un tono bíblico, este hombre que habla a través de Christina, casi pierde la voz en su plegaria. Está llamando a otro hombre, uno superior, quizá un amante, un padre, o un dios que le ha dado la espalda. “Soy el hombre que arrojaste a la tormenta, soy el péndulo entre el vicio y la virtud”. La desesperación aumenta con la canción, que va de un preámbulo sosegado a un convulso desenlace. En algunos vídeos de la presentación del disco en vivo hemos visto a Christina dándolo todo al interpretar Afónico, de rodillas y emitiendo gritos desgarrados al final de la canción, esperamos tener pronto la oportunidad de atestiguarlo en vivo.



Hay dos maneras pues de aproximarse a Un hombre rubio, y quizá a la discografía misma de Christina: una, desde el goce melódico y la admiración por la producción que esta vez ha corrido por su propia cuenta, en él hay riqueza instrumental, sofisticación y un disfrute en la pronunciación de las palabras, su cadencia y la belleza formal que ha heredado de la poesía. Y otra aventura es querer entender sus letras, ahondar en las entrañas de cada canción, una misión que como habrán leído, aquí nos interesa siempre.

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viernes, 20 de abril de 2018

Festival Epicentro 2018: Actos recomendados



Con la quinta edición del Festival Epicentro a la vuelta de la esquina, hemos decidido apostarle a varios de los actos que se presentarán en Parque Viva (San José) durante la diversa jornada rítmica. Dejamos claro que la emoción por ver otros actos angloparlantes es la misma que tenemos frente a varios de los exponentes latinoamericanos. Artistas cuyo vínculo también establecimos desde la adolescencia (la nostalgia juvenil de DIIV) o en la actualidad (Jessy Lanza y su hipnótico pop) nos recuerdan que la oferta del festival costarricense da para todos. A continuación un repaso por los actos que si o sí -consideramos- nadie debería perderse este 22 de abril. 

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Alex Anwandter 
(Chile)

De la música de este padre del pop, hay mucho por sentir y estar emocionado. Tratándose del constructor de dos obras magnas de la actualidad (Rebeldes y Amiga), Alex nos entregará los ganchos más potentes de la balada pop así, como de los ritmos que coquetean frecuentemente con el synthpop. Con sus tonadas, el cantautor chileno nos inducirá a una especie de terapia donde las disidencias son olvidades con un baile o bien, rezando sus manifiestos políticos. 


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Monte
(Costa Rica)

Consagrada como una de las bandas más importantes de la escena costarricense, Monte genera choques entra la euforia guitarrera y la introspección frente al existencialismo. Con una discografía sustentada sobre cinco poderosos EPs, no hay canción o riff que no se adapte a las situaciones más complejas o hermosas de la vida. Este trío de San José levantará en Epicentro el espíritu doliente de muchos, hasta elevarlo en un éxtasis que no considera el paso del tiempo. Capas ásperas para dejarse llevar.


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Elsa y Elmar
(Colombia)

Desde hace un par de años, Elsa y Elmar ha conertido su alquimia musical en uno de los proyectos más accesibles y delicados simultáneamente. Con tan solo un disco y un EP, la colombiana se ha ganado el corazón de millones de oyentes (si no lo creen, que hable su perfil de Spotify ¯\_(ツ)_/¯), como si se tratara de una hechizera efectando conjuros synthpop. Consideramos así a Elsa como una abanderada colombiana idónea para representar la actualidad de nuestra escena dentro del venidero festival. Si buscan pop fresco, ya saben donde encontrarlo.  


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Álvaro Diaz
(Puerto Rico)

Álvarito Díaz es uno de esos artistas que al escucharlo por primera vez, se sabe lo que trae entre manos. Es de esos que no parecen pasarsela mal y que a la vez,  se salen con la suya. Pero más allá de explicarlo prematuramente como un bandolero, este boricua sabe armar su música entre mezclas de trap y r&b cobijadas sobre líricas sensibles y hasta tristes. En su extensa carrera dentro del género, donde puede incluso llevarle delantera a artistas como Ozuna, Álvaro Díaz ha reconfigurado el trap alternativo al cantarle a todos y a nadie; el sonido urbano de las relaciones es sinónimo de su arsenal de hits.



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Clubz
(México)
Este duo mexicano pareciera llevar más de 10 años haciendo música. Con un solo EP bajo la manga y unos cuantos singles, la dupla oriunda de Monterrey se ha hechado en el bolsillo a miles de fans a lo largo de Latinoamérica y recientemente, en España. Hilando su temática musical sobre lamentables relaciones e intentos fallidos en el amor, Clubz presenta lo mejor de la ironía al contraponer situaciones fatídicas y la dulzura pop. Himnos fáciles de recordar y por supuesto, de bailar (aunque sea llorando).


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